La DGII y el Poder de las Reglas Predeterminadas

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Durante los últimos treinta años, los insumos de la psicología y la ciencia de la conducta han ido permeando la economía y el derecho. Un canal de transmisión importante ha sido a través del Análisis Económico del Derecho – que no es más que el uso de las herramientas de la microeconomía para explicar cómo son y cómo deben ser las normas jurídicas.

Sólo hay que evaluar la evidencia. En 2002, un psicólogo llamado Daniel Kahneman fue la primera persona en ganar el premio de economía del Banco de Suecia (nobel) sin ser economista. Ese año compartió el premio con Vernon Smith, un economista experimental. En 2017, Richard Thaler se convirtió en el segundo premio Nobel de economía del campo conductual – o del campamento de la racionalidad limitada (bounded rationality).

El pasado 8 de junio, el coautor – junto a R. Thaler – del fundamental libro Nudge, Cass Sunstein, recibió el Premio Holberg que otorga anualmente el gobierno noruego. Sunstein es un abogado, profesor de la Universidad de Harvard. En los últimos años, Sunstein sobrepasó en citaciones a muchos académicos jurídicos pesos pesados, como Richard Posner (y su hijo Eric), el gurú de derecho societario Lucian Bebchuk, el constitucionalista Erwin Chemerinsky, y al profesor Richard Epstein de la Universidad de Chicago.

Alguna vez – más que keynesianos – todos éramos tributarios de la teoría de elección racional y la economía neoclásica ortodoxa. Hoy día, parece que todos somos abanderados de la economía conductual. Ambos marcos tienen su mérito. Es importante saber nadar en ambas corrientes. En la academia, en la práctica y la formulación de políticas públicas, ambos marcos teóricos se utilizan y siguen siendo admisibles. Por tanto, deberían utilizarse de manera complementaria.

El poder de las opciones predeterminadas (default rules) es un ejemplo de las teorías importantes aportadas por la economía conductual. Según Sunstein si se otorgaran medallas olímpicas a las herramientas económicas, las reglas predeterminadas ganarían el oro.

Esto no es trivial. Las reglas predeterminadas son poderosas. Las reglas defaultpermean nuestro día a día. Desocupan nuestra mente de tener que tomar muchas decisiones que cuando se agregan, requieren de bastante esfuerzo mental.

Las reglas predeterminadas dictan qué pasa cuando un agente económico no hace nada. Es decir, cuando elige no elegir. Otra persona – una legisladora, un regulador, una empresa, un ingeniero informático, una abogada – efectivamente toman la decisión por usted. Deciden qué pasa. Las reglas predeterminadas permiten que un agente las cambie. Pero los agentes no siempre lo hacen.

Los sistemas operativos de nuestros teléfonos móviles, los contratos que firmamos con las telefónicas y los bancos, el arrastre que ocurre cuando no se elige una AFP– son todos ejemplos de reglas predeterminadas que existen y se activan para decidir por usted.

Parece que hasta la Dirección General de Impuestos Internos (DGII) ha tomado interés en el poder de las normas predeterminadas para cambiar la regla defaultdel pago de la tarjeta de turismo.

Antes, los turistas que ingresaban a República Dominicana tenían que comprar una tarjeta de turista de USD 10. A veces este pago se hacía con la compra del boleto o el paquete de viajes. Pero también al ingresar a RD, mediante el pago en ventanilla. Ni los ciudadanos, residentes dominicanos, ni los diplomáticos tenían que pagar este tributo.

La DGII ha cambiado la regla predeterminada. Ahora, la regla defaultes que cuando se compran ciertos boletos aéreos, se cobra el tributo automáticamente. Está incorporado en el precio de los boletos. Lo pagan los turistas, y también los dominicanos, residente y diplomáticos. El tributo no aplica a los pasajes que se compran desde RD – por lo que afectará principalmente, a los dominicanos que viven en el extranjero.

La DGII emitió una Norma General núm. 08-2018, para determinar todo lo relativo al cobro de este tributo – y también el procedimiento relativo al reembolso del tributo para quienes pueden optar por ello (art. 5 de la norma). Resuena el viejo adagio: ¡solve et repete!… Paga y luego reclama. Paga y después se averigua.

Más que discutir o no la legalidad de la referida norma, vale la pena evaluar cómo la DGII ha utilizado el poder de las reglas predeterminadas. La DGII sabe que no todas las personas que pagarán el tributo pedirán su reembolso. Sobre todo, si son dominicanos que viven en el extranjero.

Muchos no sabrán que lo han pagado en el boleto aéreo – ni conocerán que tienen el derecho a reembolso. Otros no estarán dispuestos a invertir el tiempo y el esfuerzo necesario para solicitarlo.

Al final, todo va a depender del costo económico que represente realizar estas diligencias. Particularmente, que el costo del esfuerzo y las actuaciones sea menor o igual al monto reembolsable en cada caso. Esto sin tomar en cuenta que la DGII puede hacer que el proceso mismo sea un infierno burocrático, con el objetivo de desincentivar aún más las solicitudes de reembolso.

Es importante darle seguimiento a la evolución de los datos de ingresos de la DGII por este concepto. De febrero a marzo de 2018, los ingresos por tasas de tarjetas de turismo aumentaron un 49.54%, pasando de DOP 169.1 millones en febrero, a DOP 251.9 millones en marzo. Sin embargo, todavía es muy temprano para sacar conclusiones sobre el efecto de este cambio en la regla predeterminada. Particularmente, hay que evaluar estos datos durante los meses cuando visitan muchos dominicanos que residen en el exterior. También asegurar que esta nueva regla no esté afectando las estadísticas sobre llegada de turistas.

Este es un buen ejemplo del (mal) uso de las reglas predeterminadas. Particularmente, un Nudge– o empujoncito – diseñado y usado para maximizar los ingresos tributarios del Estado. Independientemente, de que, parecería estar revestido de una legalidad discutible, ya que se está utilizando para extraer dinero de personas que ninguna ley ha determinado que son sujetos pasivos de una obligación tributaria.

Solo hay que recordar lo que frecuentemente dice Richard Thaler: ¡hay que dar empujoncitos para el bien! (Nudge for good!)

 

 

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