¿EL ORDEN DE LA CASILLA EN LA BOLETA PUEDE SUMAR (O RESTAR) VOTOS?

El pasado 27 de Enero de 2016, la Junta Central Electoral (JCE) dio a conocer el orden que los distintos partidos y sus candidatos ocuparán en las boletas de votación para las elecciones a celebrarse el próximo mes de mayo (Ver: “JCE distribuirá este año RD$1,610 millones a partidos políticos”, Diario Libre, 27 de Enero de 2016). En la República Dominicana, las casillas o recuadros de las boletas de votación se asignan por la cantidad de votos que los partidos obtienen en los comicios precedentes. Es decir, que el partido político más votado en las elecciones inmediatamente anteriores ocupa siempre la primera casilla o recuadro de las boletas, el segundo partido más votado ocupa la segunda casilla y así sucesivamente. Cabe señalar que esto no lo dicta la Ley Electoral, sino que sigue la “jurisprudencia electoral” de la JCE (ver el preámbulo de la Resolución No. 05-12 de la JCE).

Esta manera de asignar el orden de los recuadros suscita reflexión de cara a la coyuntura actual de las Elecciones de 2016. El partido que ocupa la primera casilla (PRD) – partido de oposición durante los comicios anteriores – realizó una alianza con el partido oficialista (PLD), que ocupa el segundo recuadro de la primera fila. El actual principal partido de la oposición (PRM), ocupa el recuadro número 15 de las boletas de votación.

De esta coyuntura, surgen dos preguntas – que al menos a mí – me parecen interesantes: primero, si ¿el orden como se distribuyen los recuadros en las boletas de votación (4 boletas para las elecciones de 2016) puede tener alguna incidencia en los votantes – sobre todo en los indecisos?; y segundo si: ¿el orden de las casillas podría sumar votos a partidos aliados que figuran en los primeros recuadros? Estas son dos preguntas que ameritan un análisis empírico. A continuación explico a qué me refiero con cada pregunta. Pero antes presento el marco conceptual a través del cual analizo la problemática y desde el cual surgen ambas interrogantes.

En la Psicología, la Economía Conductual (Behavioral Economics) y el Análisis Económico Conductual del Derecho (Behavioral Law and Economics) existe un conocido sesgo o prejuicio cognitivo que traducido al español sería algo así como “efecto encuadre” o del “marco de la toma de decisiones” (“framing effect”). En pocas palabras, este sesgo consiste en que la manera como se nos presentan opciones o alternativas influye en nuestras decisiones. Es decir, la forma como se enmarcan o se encuadran las alternativas influye en las elecciones que tomamos. Existe evidencia empírica y experimental que apoya la existencia del efecto encuadre. Algo todavía más contundente es que existe toda una teoría regulatoria contemporánea basada en la arquitectura de la elección o de toma de decisiones (“choice architecture”).

Amos Tversky y Daniel Kahneman (1981) publicaron uno de los artículos fundamentales sobre el tema, donde presentan evidencia experimental sobre la existencia del efecto encuadre. Este es uno de varios trabajos que le valieron un Nobel de Economía a Kahneman – quien es psicólogo de profesión (Tversky ya había fallecido).[1] Como ejemplos de la existencia del efecto encuadre, sabemos que en las encuestas a menudo se analiza cómo están formuladas las preguntas para asegurarse de que no se está condicionado las respuestas de los encuestados. También cuando se presenta una proposición en el marco de un referendo a una población, la manera como se redacta la pregunta podría inclinar la balanza hacia cualquier lado. Sin embargo, en el caso del orden de los recuadros de las boletas de votación de República Dominicana, el encuadre sería distinto.

Investigando sobre el tema encontré una vasta literatura que toca el tema – pero sin catalogarlo como resultado del “efecto encuadre” (framing effect).[2] Más bien podría tratarse de algo distinto pero relacionado, que se conoce como el “efecto del diseño de la boleta de votación” (‘ballot effect’) o cómo le llamaré en lo adelante, “efecto del orden de los recuadros”. Sin embargo, la premisa es similar: consiste en un aprovechamiento de nuestros sesgos y limitaciones cognitivas, y beneficia a los candidatos/partidos que ocupan los primeros recuadros en detrimento de aquellos que ocupan las últimas casillas.[3]

Entonces, ¿el orden en que se presentan los partidos en las casillas de la boleta electoral podría sesgar la elección de los electores dominicanos indecisos como consecuencia del orden de los recuadros en las boletas? La evidencia empírica que he revisado sugiere que si. De existir – el efecto se podría manifestar principalmente con los electores indecisos que al momento de votar podrían verse sesgados por el orden en que se presentan las alternativas en los recuadros de las boletas de votación. Según estimados de la Encuesta SIN-MP (Enero 2016), los indecisos representarían un 4.2% de los electores.

Sin embargo, existen autores como Brockington (2003) que argumentan que el “efecto de la boltare” también se manifiesta en elecciones con asimetría severa de información. Es decir, cuando los electores tienen poca información sobre quiénes son los candidatos a los puestos electivos y cuáles son sus propuestas. Esta puede ser una adecuada caracterización de las elecciones dominicanas de 2016, donde es altamente probable que exista desconocimiento general respecto de quiénes son los candidatos a los 4,213 cargos electivos, que incluyen: 32 diputaciones, 190 senadurías, 20 puestos a representantes del PARLACEN (y sus suplentes), alcaldías y vice-alcaldías, regidurías, etc.

¿Cómo podría manifestarse el “efecto de la boleta” en el caso dominicano? Por ejemplo, el votante indeciso que va a las urnas, podría dedicar más atención enfocándose en los rostros de los candidatos que salen en las primeras casillas, dedicando menos atención a los que ocupan los recuadros inferiores. Se podría argumentar que esto es incluso sugestivo o que es una arquitectura o marco de decisión sesgado a favor de los grandes partidos, en detrimento de los más pequeños o emergentes. En otras palabras, que el orden de los recuadros de las boletas de votación se convierte en una especie de “profecía autocumplida”.

Cuando se toma en cuenta la forma cómo financiamos a los partidos políticos, la disponibilidad de publicidad que algunos de estos manejan, y de cómo muchos partidos eligieron antidemocráticamente a sus candidatos para las próximas elecciones, tiene sentido de que estamos ante un sistema sesgado y anticompetitivo, donde la balanza parecería inclinarse a favor de los partidos tradicionales y sus bolsillos profundos.

Como esta es una pregunta que amerita un análisis empírico, no puedo concluir objetivamente afirmando que existe o no un “efecto boleta” en República Dominicana, ni mucho menos sacar conclusiones sobre su magnitud. Sin embargo, la evidencia empírica que he revisado sugiere que el “efecto de la boleta” existe en otros países. Para el caso dominicano, lo que sí puedo es ofrecer pruebas de al menos dos razones por las cuales creo que a los partidos políticos sí les importa el orden que ocupan en los recuadros de las boletas de votación. La primera es histórica. Durante años el PRD y el PLD se disputaron la primera casilla de las boletas de votación (ver: “Decisión de la JCE puede afectar orden partidos” (El Día, 2012); y “El partido más votado siempre ocupa casilla 1” El Caribe, 2012). Esto podría constituir evidencia de que a los partidos – al menos al PLD y al PRD de entonces – les importaba la primera casilla como un activo.

La segunda evidencia es más reciente. En algunos círculos de opinión política popular se argumenta que el atractivo de la alianza PRM/PRSC es que el rostro del candidato del PRM figure en el tercer recuadro de la primera fila (presumiblemente, mejor y más deseable que la casilla número 15 que ocupará el PRM). Lo mismo se podría decir de los primeros dos recuadros de las boletas presidenciales, que mostrarán el rostro del candidato oficialista bajo la alianza PLD/PRD.

Pero esta evidencia nos llevaría a la segunda pregunta objeto de esta reflexión: ¿ocupar las primeras casillas podría adjudicarle votos a un partido aliado, restándole votos a otros – es decir, sólo por la prelación? En otras palabras, por la agilidad que podría ofrecer al reducir los costos de búsqueda del votante. Por ejemplo, si un elector decide votar por Danilo Medina, y simplemente marca la primera casilla que sale en la boleta (dándole el voto al PRD, en vez del partido de Medina, el PLD, que ocupa el recuadro número 2); o por ejemplo, si un elector decide votar por Luis Abinader, y marca la casilla 3, dando su voto al PRSC (en vez de a su partido, el PRM, en la casilla 15). En estos escenarios, se puede argumentar que – producto del “efecto de la boleta”– el orden de las casillas sirve como un activo para succionar votos a favor de partidos que ocupan los primeros recuadros.

De ser así, yo me molestaría con este orden arbitrario si fuese militante de un partido de cualquiera de los bloques aliados, o hasta del mismo PRM, porque cierta cantidad de votos se sumarían a los partidos que ocupan las primeras casillas por el único hecho de dicha prelación privilegiada. Esto es un círculo vicioso que refuerza de manera injustificada la posición dominante de los partidos tradicionales que ocupan las primeras casillas de la boleta.

A modo de conclusión, cabe argumentar de que existe evidencia teórica, empírica y experimental que apunta a que existe un “efecto de la boleta” que puede sesgar nuestras selecciones a favor de los candidatos de los partidos que figuran en los primeros recuadros de la boleta de votación. La reflexión principal de este análisis ha sido si el orden de los recuadros de las boletas de votación podría afectar las decisiones de los electores indecisos producto de dicho efecto. Esto es socialmente relevante porque algunos votos podrían ser succionados hacia los partidos y candidatos que ocupan los primeros recuadros de las boletas de votación.

Más importante aún, la existencia y actuación de un “efecto de recuadro” atenta contra el cumplimiento del artículo 211 de la Constitución que establece que la JCE tiene el mandato y la: “ (…) responsabilidad de garantizar la libertad, transparencia, equidad y objetividad de las elecciones” (subrayado añadido). Si el orden que los partidos ocupan en los recuadros de las boletas de votación sirve para explotar los sesgos cognitivos de una parte del electorado – en beneficio de algunos partidos, y en detrimento de otros – la equidad y objetividad de las elecciones se podría ver afectada. En las palabras del título de un trabajo sobre este mismo tema escrito por Hamilton y Ladd (1996), estaríamos votando con “boletas sesgadas”. En buen dominicano: boletas amañadas.

Asumiendo que exista un “efecto del recuadro”, y que su magnitud sea lo suficientemente significativa para que nos interesemos en esterilizar las boletas electorales de cualquier sesgo, una solución para lograrlo podría ser asignar el orden de los recuadros de las boletas de votación de manera aleatoria entre los partidos y los movimientos provinciales y municipales.

Esto obligaría al elector a revisar cuidadosamente las alternativas presentadas en las boletas electorales al momento de ejercer su voto. Esta opción podría verse como una “segunda mejor” alternativa (second best), a un ideal donde cada boleta de votación sea única y presente a los partidos de manera aleatoria (para así eliminar que el sesgo beneficie al partido que aleatoriamente salga en la primera casilla).[4] Pero esta alternativa ideal probablemente encuentre resistencia administrativa de la JCE y de los partidos que se benefician del status quo, argumentando que podría ser “confuso”, “costoso”, “de difícil escrutinio”, etc.

Ahora, si yo fuera dios (e.g., pleno de la JCE), con suficientes recursos para realizar un pequeño experimento que permita contestar estas preguntas, definitivamente lo intentaría.

REFERENCIAS

Geys, Benny y Bruno Heyndels, (2003) ‘Ballot layout effects in the 1995 elections of the Brussels’ government’ Public Choice 116, pp. 147-164.

Hamilton, James T. y Helen F. Ladd, ‘Biased Ballots? The Impact of Ballot Structure on North Carolina Elections in 1992’ Public Choice, Vol. 87, No. 3/4 (1996), pp. 259-280.

Kahneman, D. y A. Tversky (1981) ‘The Framing of Decisions and the Psychology of Choice’ Science New Series, Vol. 211, No. 4481, pp. 453-458.

Lutz, Georg (2010) ‘First come, first served: the effect of ballot position on electoral success in open ballot pr elections’ Representation 46:2, 167-181.

Taebel, Dalbert, (1975) ‘The effect of ballot position on electoral success’ American Journal of Political Science, vol. 19, No. 3, pp. 519-526.

 

[1] En su libro “David y Goliat” (2013), Malcolm Gladwell hace referencia a que con relación a Tversky, algunos colegas tenían el siguiente test de inteligencia: “mientras más rápido te dabas cuenta que Amós Tversky era más inteligente que tú, más inteligente eras”.

[2] Ver: Taebel (1975) (un estudio experimental controlado), Hamiltion y Ladd (1996), Geys y Heyndels (2003), Brockington (2003), Lutz (2010), Darcy (1986, 1998), etc.

[3] El fenómeno también se puede explicar bajo la teoría de elección racional y costos de transacción. Asumiendo que simplemente es menos costoso enfocarse en votar por partidos que ocupan las primeras casillas, sobre todo ante una oferta electoral con asimetría severa de información.

[4] Otra alternativa que se utiliza en varios países es enlistar los partidos y movimientos en orden alfabético. Algunos estudios señalan que cuando se trata de nombres de candidatos, este mecanismo sencillo podría servir para reducir o mitigar el sesgo del recuadro. Ver Lutz (2010).

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