ETERNO RETORNO AL GLASS-STEAGALL ACT

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La semana pasada, un grupo de senadores de los Estados Unidos introdujo un proyecto legislativo que busca restablecer algunas de las disposiciones regulatorias del Glass-Steagall Act de 1933 (el “GSA”). El anteproyecto persigue acordonar o segregar la banca comercial o “banca útil”, de otros negocios consideramos más riesgosos (y a veces menos socialmente provechosos), como: la banca de inversión, la intermediación y el corretaje por cuenta propia de valores financieros y productos complejos, la aseguración y la inversión en fondos de capital y de alto riesgo (private equity funds y hedge funds).

Si usted regularmente lee está columna, seguramente ya está familiarizado con la problemática de la segregación funcional entre la banca comercial y la banca de inversión. Es un tema que  hemos tocado en varios artículos de opinión (Ver: Cedeño-Brea, Enmanuel,“¿Debemos adoptar la Regla de Volcker en la regulación bancaria dominicana?”, Acento.com.do, 14 de Mayo de 2012; y “El futuro de la regulación financiera: Desafíos del Proyecto de Ley Orgánica Monetaria y Financiera”, Acento.com.do, 13 de febrero de 2012) y también en otros ensayos de corte académico (Cedeño-Brea, Enmanuel, “Regulación Financiera Comparada: ¿Qué podemos aprender del Dodd Frank Act”, Artículo publicado en tres partes en la revista Gaceta Judicial, Nos. 316, 317 y 318).

Dentro del ciclo de la célebre (a veces poca virtuosa) “dialéctica regulatoria” que acuñó el profesor y economista Edward Kane, existe un lugar especial para las disposiciones tipo Glass-Steagall. Como el Eterno Retorno de F. Nietzsche y el tiempo circular de los estoicos (que tanto magnetizaban a Jorge Luis Borges), los reguladores financieros siempre regresan a las fórmulas tipo GSA. El GSA surgió como parte de las medidas legislativas del Nuevo Pacto (New Deal) de Franklin D. Roosevelt (FDR), que buscaban reactivar la economía de los EEUU luego del Crac del 1929 y la Gran Depresión que acaeció. Las reglas del GSA de 1933 separaron a los bancos comerciales (instituciones que captan depósitos y prestan dinero al público) de los bancos de inversión (colocadores e intermediarios de valores).

El GSA se derogó en 1999, durante el gobierno de Bill Clinton. Hay quienes atribuyen la crisis financiera actual (al menos en parte) a la derogación de las disposiciones del GSA. Otras voces se han levantado diciendo que hay que regresar a la separación funcional entre banca comercial y banca de inversión con el objetivo de atacar la problemática de las instituciones financieras consideradas “demasiado grandes para” caer o salvar (“too-big-to fail/save”). La respuesta buscaría “romper” a los grandes grupos bancarios y evitar que crezcan hasta dimensiones de importancia sistémica. Entre sus “considerando” el nuevo referido proyecto de ley menciona como justificación convertir a los bancos en instituciones “más pequeñas y seguras”. Este tipo de medidas no son nuevas ni originales. En el Reino Unido, la Independent Commission on Banking liderada por Sir John Vickers recomendó una propuesta similar. Variaciones de esta fórmula también están presentes en las conclusiones del reporte del llamado Liikanen Group (Octubre de 2012), conformado por la Comisión Europea.

Pero estas medidas no necesariamente resuelven el problema. Las grandes entidades financieras se podrían reorganizar como grupos con distintas unidades de negocios bajo control de una entidad matriz. La segregación funcional buscaría sacar las actividades riesgosas de la red de protección de los depósitos asegurados. El estado dejaría de garantizar tácitamente estas actividades con un respaldo limitado. También se persigue mitigar el riesgo moral que generan los grandes bancos y reducir la propensión de rescatarlos (ilimitadamente) con dinero de los contribuyentes, cuando estos bancos se deterioran o quiebran.

La noticia del retorno a las disposiciones tipo GSA resuena bastante. Dos analistas del FINANCIAL TIMES citan que el consenso entre los cabilderos estadounidense es que la medida no cuenta con apoyo suficiente como para convertirse en ley (“Bill to restore Glass-Steagall unnerves Wall St”, 12 de Julio de 2013). Otro factor que podría esclerotizar el desmantelamiento de los grandes bancos estadounidenses, es que hace unas semanas la revista THE BANKER proclamó a THE INDUSTRIAL AND COMMERCIAL BANK OF CHINA (ICBC) como el más grande del mundo. Los niveles de activos del banco chino superaron a los de los leviatanes financieros BANK OF AMERICA y JPMORGAN. Esto señala que la competencia de los bancos de EEUU ya no sólo proviene de los bancos universales de Europa. Por tanto, el gobierno federal estadounidense debe pensarlo bien antes de truncar la competitividad global a sus campeones nacionales.

A pesar de todo esto, los debates académicos y de diseño de políticas públicas con relación a las reformas de la regulación financiera internacional continuarán. La separación funcional seguirá siendo siempre una de las soluciones propuestas más recurrentes.

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