Statement by an IMF staff visit to the Dominican Republic

An International Monetary Fund (IMF) mission led by Przemek Gajdeczka visited Santo Domingo during September 10 – 18, 2012, to review economic developments and lay the foundation for the upcoming Article IV consultation and Post-Program Monitoring. The mission met with President Danilo Medina, members of the Economic Cabinet, senior government officials, representatives of the private sector, and union leaders. At the conclusion of the visit, Mr. Gajdeczka issued the following statement.

“The mission reviewed recent economic developments and discussed the near-term outlook for the Dominican Republic. This year, the economy has slowed down and inflation declined, while the fiscal and external positions remain weak. Real GDP growth was 3.8 percent in the first half of 2012 supported by agriculture, commerce and tourism. Inflation declined rapidly as the price shocks observed in 2011 were not repeated. Annual inflation in August was 2.2 percent, below the target range of 5.5 percent +/- 1 percent specified under the central bank’s recently announced inflation-targeting regime.

“The fiscal position deteriorated in the first half of 2012. Revenues were boosted by one- off proceeds from the sale ofCerveceria Nacional Dominicana. Nevertheless, higher expenditure, including electricity subsidies, resulted in an overall deficit of the public sector of about 3.3 percent of GDP by June 2012 (compared to an annual target of about 2 percent of GDP in the original budget).

“Monetary policy has been eased in 2012 to support economic activity. The central bank lowered its overnight deposit rate during May-August by a total of 175 basis points (to 5 percent). The monetary aggregate M2 increased by 6 percent during December 2011- August 2012 while credit to the private sector in domestic currency declined slightly. At mid-September, gross international reserves stood at US$3.4 billion (about two months of imports), while the peso remained broadly stable in nominal terms since end-2011.

“The short-term macroeconomic outlook poses a challenge to the authorities, reflecting the need to strengthen the domestic macroeconomic framework, in particular to significantly tighten the fiscal position, and to cope with risks emanating from the global economy. Real GDP growth is expected to be around 4 percent in both 2012 and 2013, while inflation is projected to remain low.

“The mission held fruitful discussions with government and civil society representatives and wishes to express its gratitude for their excellent cooperation and frank discussions. The authorities expressed their interest in Fund support in designing economic policies. It was agreed to hold Article IV consultation and Post-Program Monitoring discussions before the end of 2012.”

 

Del “Consenso de Washington” a la Perogrullada de Santo Domingo

El Jefe de la Misión del Fondo Monetario Internacional (FMI) que actualmente se encuentra en nuestro país, cometió una perogrullada hoy. Vaticinó lo obvio. Dijo que en República Dominicana la situación “no es fácil”. Cosa que muchos dominicanos y dominicanas saben desde hace tiempo. El oficialismo no lo puede ocultar. Estamos apalancados hasta los dientes. El gasto debe reducirse, y los impuestos aumentarán. Parece que abrieron una lata de gusanos con su visita.

Miren lo que salió en la rueda de prensa del FMI del pasado 13 de Septiembre:

On the Dominican Republic, I can say that as our mission chief stated earlier this week in Santo Domingo, the mission is currently taking stock of recent economic developments in view of preparing the ground for post-program monitoring and Article IV discussions. We do not have a program at the moment with the Dominican Republic.

The authorities have indicated that the Article IV report could serve as a basis for further talks on an eventual program. And of course just to try and respond to the question a bit more directly, the mission will be looking at issues of the Dominican Republic’s fiscal and external situation as well as the overall growth scenario during the mission.

Aparentemente, ya no hay fórmulas mágicas ni Consenso de Washington (como se conocía cínicamente al recetario del FMI hace unos años). Pero del Consenso a la Perogrullada de Santo Domingo hay otro déficit: uno conceptual, muy grande.

Fondos, Medio-fondos y Funditas

La visita de una misión del Fondo Monetario Internacional (el “FMI” o el “Fondo”) la próxima semana ha generado mucha ansiedad en la República Dominicana. Como la palabra “Fondo” es tan rica en acepciones, podríamos describir la visita usando retruécanos y juegos de palabras.

 

  1. Las finanzas públicas se han “ido a fondo”. No es lo mismo ir al Fondo y pedir dinero prestado que “irse a fondo” (hundirse). Es más, uno suele acudir al FMI cuando ya se ha “ido a fondo”. El Estado parece un edificio de mucha fachada, pero con “poco fondo”. Carece de “fondos propios” y su erario público (el cofrecito) está “desfondado”.

 

2.    El déficit fiscal aún no “toca fondo”. La cifra de DOP 101,000 millones que se ha divulgado como legado del gobierno predecesor está calculado hasta mediados de agosto del año actual. El abismal déficit fiscal continuará incrementando. Habrá mucha tinta roja y números entre paréntesis (  ) en las cuentas públicas hasta que finalice el año.

 

3.    A La República se le ha visto el “medio fondo”.  El Emperador anda sin sus vestimentas reales. Como la personificación de La Libertad en la célebre pintura de Delacroix, la República está desnuda y con los senos expuestos. Agita pagarés al aire en vez de banderas.  Su “medio-fondo” ha quedado en descubierto. La tela que hay no alcanza para tantas promesas y compromisos.

 

4.    El gobierno “no tiene fondos”. Esto ha quedado evidenciado por las declaraciones de los funcionarios que afirman no saber mucho sobre la disponibilidad financiera del nuevo gobierno. Comenzaron a extraer grasa del complejo y redundante organigrama institucional del Estado con la finalidad de liberar fondos (y creo que hasta muebles de oficinas y escritorios).

 

5.    El “fondo del asunto” será aumentar las recaudaciones y reducir la inversión social. “En el fondo”, todos sabemos quelos impuestos aumentarán. El gobierno se  apoyará cada vez más de las recaudaciones regresivas que afectan siempre a los más pobres y a la clase media (que pronto será la clase “sin medias”). Será difícil orquestar las bien intencionadas reformas sociales que el Presidente Medina ha prometido promover.

 

 

6.    El Pueblo dominicano está a punto de “dar fondo”. La población está agotada de tantos impuestos injustos y regresivos. También está hastiada de las Siete Plagas Dominicanas: apagones, falta de educación, desempleo, insalubridad, inseguridad ciudadana, corrupción y falta de oportunidades. Los dominicanos no tolerarán un aumento de impuestos bajo la excusa de que se van a dedicar más “fondos a la educación” (como fue el caso de la última reforma fiscal promovida por el oficialismo). Los dominicanos terminamos “a fondo perdido” con aquella (contra)reforma y sus asfixiantes aumentos impositivos.

 

7.    El Estado sigue siendo un “barril sin fondo”. Nunca aparece dinero para cumplir con los objetivos del Estado. Sin embargo, para la corrupción siempre aparece “flujo de fondos”. Hay que combatir las “botellas, barrilitos y los contenedores” queproliferan en la administración pública.Un ejemplo reciente fueron los consultores que aparentemente amarraron sus seguros de desempleo con otro fondo: el Fondo Patrimonial de las Empresas Reformadas (FONPER).

 

8.    Mucho cuidado con los “fondos de pensiones”. Cada vez que a los políticos les falta el dinero, miran con malos ojos a los fondos de pensiones. Yo no sé a qué se refería el Presidente Medina en su discurso inaugural cuando dijo: “(…) propiciaremos la adecuada inversión de los Fondos de Pensiones, para beneficio de sus afiliados y de toda la sociedad.” Pero si tiene en mente seguir nacionalizando los fondos de pensiones para que inviertan cada vez más en valores negociables del Banco Central y del Ministerio de Hacienda, que se baje de esa nube. Los chelitos de mi cuenta de capitalización individual no están para eso.

 

9.    Por eso viene la “misión del Fondo”. Le llaman “misiones” pero no vienen a predicar el evangelio. Vienen en una misión tipo Rambo en “First Blood”. Habrán más recortes que en la película “Eduardo Manostijeras”.  A los del Fondo (Monetario Internacional) les desagradan las “fundas”. Así que podríamos ver los subsidios y las funditas menguar. También fruncen el ceño ante los “barrilitos sin fondos”.

 

Sólo queda esperar cuáles serán las condiciones del nuevo acuerdo con el FMI. Esperemos que el Fondo no nos de tantos “fundazos”. 

Las Cifras Sagradas del Banco Central por Osvaldo Montalvo Cossío

 

Encontré este artículo circulando en las redes sociales. Me parece un enfoque interesante que merece la pena discutir. El autor es el economista dominicano Osvaldo Montalvo Cossío.

Disfruten,

E-

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Las cifras sagradas del Banco Central

Osvaldo R. Montalvo Cossío

 

“El intelectual a sueldo no puede pensar, sólo debe repetir las consignas del poder.”

Miguel Ángel Fornerín (Hoy, Areíto, 25 de agosto del 2012)

“Hemos guardado un silencio bastante parecido a la estupidez…” Proclama insurreccional de la Junta Tuitiva en la ciudad de La Paz, 16 de julio de 1809 (Tomado de Eduardo Galeano, Las venas abiertas de América latina)

No recuerdo si fue Lenin quien dijo que el progreso no es más que trabajo y energía, pero estoy seguro que no fue un dominicano. Quien haya sido, registraba lo aparente: en su aspecto estrictamente material, el progreso –desarrollo es un sinónimo- es facilidad, comodidad, confort. Para disfrutar de estas cosas necesitamos un orden productivo –del tipo que sea, mercado o planificación-, que viabilice una cantidad creciente de artefactos a nuestra disposición. El automóvil –antes el tren, luego los aviones- en principio resolvió el problema de las distancias, principalmente la distancia entre la casa y el trabajo. Luego los appliances –los electrodomésticos- sacaron a la mujer de sus tareas tradicionales dentro del hogar e hicieron la estancia en éste más fácil y grata. La TV –luego del radio- fue otra revolución, a la que siguieron los VCR, los discos compactos y, ya en nuestro entorno temporal, las memorias digitales, los teléfonos celulares y la red virtual. Estamos rodeados de mercancías que prometen hacernos siempre más felices: a mayor consumo, mayor debe ser nuestra felicidad. Aumentan las necesidades del espíritu más que las verdaderas necesidades puesto que son éstas pocas y fácilmente saciables.

La producción requiere de energía, en cualquiera de sus formas. Pero más importante, el consumo necesita de energía a una tasa creciente. Si para producir más hay que consumir más, y el consumo consume energía, a mayor volumen de consumo (y producción), mayor consumo específico de energía. Se puede hablar todo lo que se quiera de la eficiencia de los nuevos aparatos, pero siempre se consumirá más energía cuando se tienen cinco en vez de uno puesto que el avance tecnológico no es suficiente para compensar el crecimiento en el quantum. Tan es asíque en nuestra época inicia la crisis ambiental por los efectos del consumo específico que hemos decidido, en particular el daño a la naturaleza por la quema de combustibles fósiles.

De manera que buscar una relación entre la producción (y consumo) global y el consumo de energía parece ser el propósito más natural del mundo. En principio, poco importa la denominación de la energía bajo la restricción habitual de que sea una variable homogénea y consistente. Esto quiere decir que si utilizamos barriles de petróleo (de 50 galones) como representación de la energía consumida, más adelante no podemos cambiar a kilovatios hora, BTU o cualquiera otra unidad de fuerza. Para que la correlación tenga sentido, se debe mantener constante la definición de las variables.

1Pues bien, recientemente nuestro colega Ernesto Selman osó –es decir, se atrevió a- plantear una correlación entre el consumo de energía en el país y el PIB, de la que concluye –ésta es la verdadera herejía- que éste pudiera estar sobredimensionado hasta en un 36% desde el 2006. De inmediato se desataron todos los infiernos. La Dra. Olga Díaz, Asesora del gobernador del Banco Central, dirigió al disidente una encendida réplica (Listín Diario, 21 de agosto de los corrientes) en la que le enrostra todo lo siguiente: a) Que el Dr. Selman trabajó en el Banco Central, donde se le dispensó un trato muy distinguido, sobre todo de parte del Sr. Gobernador; b) Que habiendo trabajado allí se debió haber percatado del ingente esfuerzo que hay que desplegar para calcular el crecimiento económico; c) Que el sector Energía y Minas tiene una muy baja participación en el PIB y su relación con el consumo de energía no es fija; d) Que la presunta sobrestimación del PIB se debe a los intereses particulares del Dr. Selman, a saber, dar a entender que la presión fiscal es más alta de lo que es realmente, por lo que no sería necesario una reforma fiscal “integral”. Acaba la reprimenda de la Dra. Díaz con una consigna patriótica: con estas actitudes, “qué pobre servicio hace el Dr. Selman al país.”

Curiosamente, el ejercicio hecho por el Dr. Selman es exactamente el mismo que han realizado quienes establecen que si los países subdesarrollados tuvieran el consumo –proporcional, per cápita- de los países desarrollados, se necesitarían diez planetas tierra hacerlo posible (Ver: Chris Martenson El futuro insostenible de nuestra economía, energía y ambiente). Dicho sea de pasada, para ser buen predictor de una variable, no es necesario constituir parte importante de ella; es decir, para predecir el PIB no hay que hacerlo por necesidad desde uno de sus componentes principales. La participación proporcional elevada explica la dominancia en el registro, en la contabilidad, pero no establece nada necesario en cuanto al pronóstico. De seguro el consumo de electricidad tiene mejor asociación con el producto que el gasto en medicinas.

Una pregunta es obligada: ¿por qué tanta sensibilidad –susceptibilidad, podría decirse- de parte del Banco Central con sus números? Pero veamos primero de qué se trata. Los economistas suelen establecer correlaciones –esto es, asociaciones estadísticas- entre dos (o más) variables, a veces en términos de causalidad, como forma de pronosticar una con la otra. Un ejemplo sencillo: para hacer una camisa necesito media yarda de tela. Esto puede ser un promedio; el hecho es, sin embargo, que si hemos usado 100 yardas de tela, deben haber 50 camisas en el almacén. Estas son relaciones que todo gerente de producción y auditor deben tener bien aceitadas.

Por supuesto, la asociación no necesariamente es fija: un medio a uno, como el caso anterior, uno a uno, uno a dos, etc., sino que puede ser de un valor en un momento, y de otro más adelante. Nada de esto tiene misterio. Aún más, la conexión causal entre una variable y la otra no tiene que estar perfectamente establecida, puede ser difusa. Asíasociamos número de armas y homicidios, o nivel de pobreza y delincuencia. Estadísticamente se pueden calcular algunos índices, siempre sujetos a una cierta probabilidad. Mas todavía no podemos establecer con precisión que, por ejemplo, por cada 100 armas de fuego que salen a la calle, aumentan en 10 los homicidios.

Mudémonos al terreno de la economía. David Ricardo (1772-1823), cúspide de la economía clásica, se imaginó una economía de un solo producto (trigo), para salvar el molestoso problema de la agregación de mercancías heterogéneas. Así, el producto real, es decir, el producto denominado en bienes, estaría constituido por una cierta cantidad de este producto universal, único necesario para producirse a símismo. El producto real es el que determina el nivel de bienestar de una población, como el consumo físico es el que determina el nivel de satisfacción de un individuo. Si de tener una manzana pasamos a tener dos, hemos duplicado nuestra riqueza. Sin embargo, si nuestro ingreso pasa de $10 a $40 nada nos dice por necesidad en cuanto al aumento en nuestra capacidad de compra; es posible que con $40 no podamos comprar siquiera la primera manzana.

Ricardo estaba consciente de la irrealidad de una economía de un único producto, su interés era fundamentalmente analítico. Ahora bien, es completamente claro que si el consumo (y producción) del único producto se duplica, se duplica el nivel de bienestar de la sociedad. Por supuesto, se puede plantear una relación decreciente entre consumo y utilidad, pero éstas son otras quinientas. Lo importante es la asociación que podamos establecer entre el movimiento de una variable – consumo (y producción)- y otra –bienestar o utilidad-. La relación entre dos variables objetivas – tela y camisas- es más clara por cuanto en ella no interviene la apreciación humana. Si se produjeron 100 camisas y se consumieron 75 yardas de tela, en buen dominicano “hay un maco”, llamen al supervisor de producción.

Ahora hay que desmontar la ficción ricardiana: en la economía hay muchos bienes que se producen y consumen, ¿cómo medirlo? Si las mercancías se consumieran siempre en las mismas proporciones –por decir, una libra de arroz con media libra de habichuelas, con un cuarto de libra de carne de res, etc.- no tendríamos dificultad. Estaríamos en el mismo mundo de la mercancía única con la diferencia de que es ésta, ahora, una mercancía compuesta. Algo asícomo un “combo” de restaurante de comida rápida: una hamburguesa + unas papas fritas + un refresco. Sin embargo, esto es igualmente irreal. Adicionalmente nos topamos con el denominado “problema de los números índice”. ¿Cuál es la idea fundamental? Cuando evaluamos dos conjuntos diferentes de bienes heterogéneos en dos momentos distintos en el tiempo, no solamente cambian las cantidades sino también los precios. El problema consiste en sintetizar las dos situaciones caracterizando cada una como el consumo de un índice escalar de cantidades multiplicado por un índice escalar de precios. En otros términos, resumir los cambios en todas las cantidades en la variación de un único índice de cantidad, y los cambios en todos los precios en la variación de un único índice de precios. Esto es justamente lo que se hace en la contabilidad del producto.

De nuevo un ejemplo sencillo. Obviamente las cifras han sido seleccionadas por simplicidad, pero en nada afectan el álgebra. Donde dice 10 libras se puede poner 10 millones de toneladas y en nada cambia el argumento. Igual lógica se aplica cuando pasamos del individuo a la sociedad: contablemente, el conjunto no es otra cosa que la suma de las partes.

Digamos que personalmente consumimos hoy, por año, 250 libras de arroz, a un precio de $40 libra; 5 camisas, a un precio de $500 la unidad; y 200 viajes al trabajo, a un precio de $150 el servicio. En total: 250 x $40 + 5 x $500 + 200 x $150 = 42,500. El siguiente año, cuando ya se han modificado los precios de algunos de los bienes, nuestro consumo es como sigue: 200 libras de arroz, a $45 la libra; 5 camisas, a $450 la unidad; y 230 viajes, a $150 cada uno. En total: 200 x $45 +5 x $450 + 220 x $150 = 44,250. Observemos que hay consumos que aumentaron, otros que disminuyeron y otros que se quedaron igual. Lo mismo con los precios, unos subieron, otros bajaron y otros no tuvieron modificación. La pregunta es, ahora: en general, nuestro consumo, ¿ha aumentado, disminuido o se ha mantenido sin cambio? En cuanto a los precios, en general, ¿qué modificación han sufrido?

Mediante una técnica sencilla que sería prolijo desarrollar aquí(Ver: Osvaldo Montalvo Cossío La alquimia de los índices generales de precio Banco Central, 2002), la primera situación se puede sintetizar en un quantum de producción de 293.70 que, multiplicado por un nivel promedio de precios de 144.70 nos arroja el valor de la producción: $42,500. Correspondientemente, la segunda situación es: 308.89 x 148.11 = $45,700. De aquí deducimos un crecimiento real de 5% y una inflación del 2%. Y entonces corremos para la prensa: “el año pasado registramos un notable crecimiento con gran estabilidad en los precios”. No obstante, los resultados anteriores ameritan un par de observaciones.

El producto real asímedido –y es la única posibilidad de hacerlo- es un constructo, una ficción; más exactamente, una convención. No tiene unidad técnica (libra, unidad, yarda, etc.) y su valor monetario es completamente derivado. Decimos “un producto real de $308.89 (pesos, dólares, etc.)”, pero su valorización se logra mediante la sustracción del efecto de los precios al valor de la producción. Este último es el que se recoge en el mercado, el valor de las transacciones comerciales concretas y específicas.

Debe quedar claro que no existe el crecimiento macroeconómico como tal. Ciertamente crece la producción y el consumo, pero de las unidades productivas y consumidores individuales. Denominamos crecimiento macroeconómico a la ponderación del crecimiento de los ingresos individuales. De aquíes de donde se desprende el denominado “problema de percepción”. La versión oficial siempre será de un crecimiento mayor al verdadero, una inflación menor a la verdadera, una concentración del ingreso y la riqueza menor, menores niveles de pobreza, etc. No sucede sólo en la economía: los niveles de delincuencia serán bajos, la desnutrición infantil y la tasa de mortalidad infantil, los niveles de tráfico de influencia y corrupción, y un larguísimo etcétera. Esto no es más que la promoción y propaganda de la empresa llamada gobierno. Pasó en el pasado gobierno, pasa en el actual y sucederá en el que venga, aquílo mismo que afuera (Ver sobre el caso de México: Sara Sefchovich País de mentiras). . ¿Acaso nos pasa desapercibido que desde la oposición se ven nítidos todos los problemas y males nacionales, y a las 24 horas de estar instalado, para cualquier nuevo gobierno todo es estabilidad, armonía y deseos de progreso? Por una cuestión de simple competencia –vale decir de sobrevivencia-, cada quien tiene una tendencia marcada a disminuir las virtudes ajenas a la vez que magnifica las propias.

“En China, los responsables de las administraciones territoriales reciben ayudas dependiendo de la tasa de crecimiento de sus regiones, y (ellos mismos) son los encargados de recoger las estadísticas… Uno debería ser un santo para no exagerar su propio éxito y los administradores chinos no son santos. Periódicamente, Pekín castiga a algunos por exagerar el rendimiento de su área; no obstante, aun asílas estadísticas publicadas (resultan exageradas).”

Lester Thurow El futuro del Capitalismo Ariel (1996), p. 54

En un libro de reciente publicación (Crítica a la economía del status quo, 2010), titulé un anexo: El oficio de economista, o dime quién te paga y te diré qué opinas, refiriéndome a que cada cambio estructural en el modo de producción ha tenido sus grandes beneficiarios –y perjudicados: no hay uno sin el otro-, quienes siempre han empleado sus intelectuales orgánicos para racionalizar la nueva situación. O sea, la reacción del Banco Central ante el atrevimiento del Dr. Selman es más que comprensible. Lo que sorprende es el silencio de los inocentes. Aquí, donde debían de hablar los intelectuales, los que se jactan de décadas de estudio, guardan silencio. Se hacen los extrañados, los genios desadaptados, por simplemente no poner en riesgo el cheque. Ya antes les debieron haber enseñado que opinar siempre tiene su precio.

Dada la variación en el valor de la producción, de la inflación deducimos el crecimiento del producto, y viceversa. Es decir, tenemos una ecuación y dos incógnitas, lo que nos da un grado de libertad. Dado el cambio en el valor de la producción, calculando la inflación, se deduce por diferencia el crecimiento. Todo esto anterior es simple álgebra, y ciertamente el fundamento del tema es cuestión de pura medida:

“Si les he contado de todos estos detalles sobre el asteroide B 612 y hasta les he confiado su número, es por consideración a las personas mayores. A los mayores les gustan las cifras. Cuando se les habla de un nuevo amigo, jamás preguntan sobre lo esencial del mismo.”

Antoine de Saint Exupery El principito

Como digo en mi libro citado, si fuera cuestión de alimentar las cifras en la ecuación, no habría problema. Pero la ecuación tiene sus bemoles y las cifras son secretas, por eso tanta discusión sobre lo elemental. La contabilidad del producto no es un censo, es imposible registrar todas las transacciones que tienen lugar día a día. Es una estimación cuya confiabilidad disminuye en la medida en que la muestra es menor respecto de la población. Estas circunstancias añaden una complejidad al cálculo que el lego encuentra difíciles de superar. Del otro lado, el registro de las transacciones comerciales a nivel nacional es tarea que sólo el Estado puede llevar a cabo, pero debido fundamentalmente a su costo referido a su utilidad. Ningún agente privado, por grande que pueda ser, encontrará rentable semejante ejercicio. Ahora bien, en aras de la transparencia y la confiabilidad, las cifras crudas, en un formato manejable, debían ser accesibles al agente ordinario. Facilitar el “hágalo usted mismo”, no hay mejor manera de refrendar la certeza de los números. Las empresas requieren de auditorías, que no son otra cosa que informes sobre la corrección y confiabilidad de su contabilidad. Ningún gerente o administrador se ofende por ello. En el error, lo último que se presume es el dolo y lo primero el desconocimiento. Si esto sucede en la unidad, ¿por qué pensar que el conjunto no requiere de vigilancia y cuestionamiento, más cuando existe sin duda un interés en presentar resultados mejores que los verdaderos?

Esto trae a colación el asunto del interés. La Dra. Díaz recrimina al Dr. Selman que su opinión es interesada, por el asunto de la reforma fiscal y demás. Pero la opinión de la Dra. Díaz también es interesada, como lo es la mía. En esto no hay nada de extraordinario. Dice al respecto George Stigler (El economista como predicador, p. 95)

“… a los economistas no les gusta una explicación de su propio comportamiento científico en términos económicos ordinarios. Decirle a un economista que él elige aquel tipo de trabajo y aquel punto de vista que maximizará su renta es, nos dirá airadamente, un insulto premeditado.”

Lo normal, lo que debe ser, es que cada quien plantee abiertamente su opinión interesada. El industrial, su interés; el importador, su interés, el comerciante minorista, el suyo. Asimismo, el jornalero campesino, lo que le conviene, exactamente lo que hacen los funcionarios públicos, que llegan a defender privilegios constitucionales en nombre de la patria. Por supuesto, su interés es el interés de la patria, como en el naciente capitalismo la verdad era la ganancia. Un buen índice del interés nacional es la distribución del ingreso; el efecto de cualquier medida sobre éste dirá si sirve ésta a la patria o a intereses menos que comunes y colectivos.

Para concluir, volvamos un instante a la construcción de las cifras de crecimiento e inflación. Si bien, como dijimos, el nivel del producto es un constructo, un cálculo abstracto, se debe basar en los crecimientos sectoriales reales. Es decir, como hay un crecimiento (o decrecimiento) para la economía total, lo hay para el sector agropecuario, industrial, construcción, etc. A nivel sectorial, igual se puede calcular este constructo, a un menor nivel de generalidad que el producto nacional. Este ejercicio se puede llevar hasta el nivel de la empresa individual, que es de donde parte. No olvidemos que el crecimiento económico es de las empresas y el ingreso, no hay un crecimiento macroeconómico como tal.

La empresa puede y debe tener su índice de crecimiento real, como lo tiene la industria. A este nivel es mucho más fácil apreciar –ahora sí, exactamente: apreciar en términos de percepción- la distancia entre el hecho y su registro, si las cifras dicen lo que es. De hecho, a la gente “de la calle” lo que le interesa es disfrutar del crecimiento de su ingreso y dejar de sufrir por la inflación; la discusión de las cifras de por síla tiene sin cuidado. De manera que, lejos de sancionar la intención de elaborar índices de crecimiento sectoriales, para imponer la fe en una única cifra mágica y sagrada, los demás intereses –esto no se hará a iniciativa de ningún gobierno- deben trabajar en configurar la historia y situación de sus propios sectores. Nadie nunca defenderá sus intereses tan bien como ellos mismos. Esto se llama utilitarismo, la filosofía del capitalismo.